Los colombianos siguen sin reponerse de la última alocución presidencial; una perorata de amenazas y ventilación de problemas profundos e inzanjables desde el ejecutivo, que tienen dinamitada la unidad entre el presidente y su equipo de gobierno, aumentando la crisis de gobernabilidad con un discurso que reparte culpas con datos falsos y ataques con guante institucional sin asumir errores ni responsabilidades.
La penosa humillación pública a un ministro negro, cruzó la última línea de moderación y respeto que le quedaba al presidente. Su actuación acelerada por “sacarse un clavo” que tiene con la vicepresidenta, está a un paso de terminar en la salida de Francia Márquez con consecuencias estruendosas no solo para el Gobierno Petro, sino para toda la izquierda colombiana.
No hay confianza. Ambos se sienten traicionados, mantienen sus juegos de poder y victimización en público, tratando de exculpar el desastre generado para volverse a montar en una tarima y pedir nuevamente apoyo a sus derretidas promesas de transformación.
Una posible salida de Francia Márquez, significaría el punto de no retorno en la capacidad del presidente para gobernar y la mutilación de un proyecto político que le apostó a las comunidades negras, al ambientalismo y a las víctimas de exclusión. El divorcio dejaría sin piso el discurso progresista sostenido y ¿entregaría en bandeja de plata la presidencia a la derecha? ante un fracaso monumental que a sentir de las mayorías “todo ha empeorado”.
En un gobierno donde ninguno sirve, existen problemas graves de decisiones administrativas y de legitimidad sostenidas únicamente por burocracia, conveniencia y el poder que otorga la institucionalidad; pero no por convicción. No hay un equipo de trabajo, hay un gabinete funcionalista que, a decir del presidente, ni sus órdenes cumple. El país está hecho un desastre y al garete, huérfano de poder y burlado internacionalmente por culpa de un gobernante ineficiente y ególatra que ha perdido los estribos, y una figura vicepresidencial invisible, arrinconada y viviendo sabroso alejada de la realidad de confrontación donde cogobiernan Benedetti y Saade.
Instituciones decorativas y robustas de corrupción en medio de una situación fiscal alarmante con un déficit público en crecimiento por el alto gasto del Estado que no se alcanza a cubrir con los ingresos tributarios. Iliquidez que tiene gravemente afectando a los sectores salud, educación e infraestructura. A ese escenario se suma la fuga de capitales e inversión extranjera, que golpea directamente el empleo y deja a millones de colombianos en la informalidad (rebusque) sin las mínimas condiciones de vida digna. ¡Hasta la indignidad se hizo costumbre!.
Eso es lo verdaderamente grave, lo que tendría que ocupar el esfuerzo del Gobierno. Pero tienen a todo un país consumiendo peleas de egos elevados y heridos, y con “el 80% del tiempo atendiendo conflictos internos entre mujeres”. Se hunde el progresismo con el timón partido en dos pedazos, han escogido correr desesperadamente para dejar sucesor en 2026 en vez de gobernar para “el cambio”.
La cuestión no es si Francia renunciará, sino cuándo lo hará.


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