La claridad con la que el Pacto Histórico mostró su vigencia en los resultados donde se impuso Iván Cepeda como precandidato presidencial, emitieron un campanazo de alerta que tiene movilizada a la centro-derecha en reuniones, acercamientos y mensajes indirectos de reconciliaciones.
Aunque la participación en la consulta partidista no fue la abrumadora que esperaba el Pacto Histórico, no se puede subestimar la disciplina y estrategia para sacar la gente a seguir votando el proyecto progresista. Unos resultados que para muchos pueden ser pobres, muestran una estructura que con el hambre de continuar en el poder y campaña en frío, fueron capaces de movilizar más de dos millones y medio de votos. Los resultados emitieron una alerta temprana para la centro-derecha que todavía se engolosina en candidaturas personalistas sin identidad de unidad, vocería clara ni propósito común.
Más allá de lo que representa Iván Cepeda en la izquierda colombiana, su triunfo emite la solidez ideológica de la narrativa con que fue elegido el presidente Gustavo Petro por parte de una militancia que se mantiene firme pese al desgaste y los indicadores del Gobierno.
Con esas realidades frente a sus ojos, las fuerzas políticas moderadas y conservadoras tienen que afanar los pasos para encontrar (¡ya!) un liderazgo único de coalición sin matices internos que pueda plantear y sacar adelante una alternativa de gobierno viable y ganadora que corte el proyecto continuista del Pacto Histórico.
En esas aguas -desde hace meses- se viene moviendo activamente con su olfato político el expresidente Álvaro Uribe. Sus llamadas y visitas se aceleraron con los resultados del 26 de octubre; tocando puertas y tendiendo puentes con otros líderes políticos para buscar todas las alternativas posibles en el intento de construcción de una gran alianza anti-petrista que cohesione el voto opositor y pueda alzarse con la presidencia en primera vuelta.
Estos movimientos parece que comenzaron a tomar forma con “la alianza democrática” que acaba de nacer de la reunión Uribe-Gaviria; donde los expresidentes pretenden trabajar para reunir partidos y candidatos que aporten su capital electoral a la construcción de un gobierno para el 2026 con una “política social robusta” e incluyente.
La alianza de la centro-derecha (por verse) deberá ser, en todo caso, pragmática en el entendido que ningún partido opositor tiene hoy la capacidad de disputarle solo el poder al Pacto Histórico, y que la viabilidad de una coalición amplia tendría que conquistar sectores indecisos como Dignidad y Compromiso, con raíces de una izquierda moderada; para que ayude a ampliar la base electoral en el centro; un espectro a conquistar que incline la balanza y consolide la confianza y liderazgo que se sobreponga a odios, viejas rencillas y prevenciones ideológicas.
Tintos, llamadas y lograr la unidad de tantos colores y visiones, es la misión que tendrá los grandes líderes de la centro-derecha para no perder la posibilidad de ser una opción fuerte de poder que pueda ganar, incluso, en primera vuelta.


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