La mañana del 1 de enero de 2026 dejó un hecho que hoy enluta a Medellín. Sergio Alfredo Zabala Galeano, de 62 años, falleció luego de ser agredido por un habitante de calle en la Avenida Oriental, comuna La Candelaria, tras negarse a entregar una limosna.
De acuerdo con el reporte preliminar de las autoridades, el agresor lo golpeó en la cabeza con un objeto contundente, causándole aturdimiento inmediato. Pese a la lesión, Zabala logró incorporarse, abordar un bus y llegar por sus propios medios hasta su vivienda.
Sin embargo, horas más tarde su estado de salud se deterioró. Fue trasladado de urgencia a un centro asistencial en el noroccidente de la ciudad, donde se le diagnosticó un trauma craneoencefálico severo. El hombre fue intubado y permaneció en la Unidad de Cuidados Intensivos (UCI) por cinco días.
El 6 de enero, el cuadro clínico derivó en su fallecimiento.
Investigación en curso
Tras el aviso inicial a la línea 123, la Fiscalía General de la Nación y el Cuerpo Técnico de Investigación (CTI) realizaron la inspección judicial al cadáver y asumieron la investigación para esclarecer las circunstancias y establecer la identidad del presunto responsable.
Aunque el caso avanza, aún no se reportan capturas. Las autoridades trabajan en la recolección de cámaras, testimonios y elementos materiales probatorios que permitan vincular formalmente al agresor al proceso penal.
Un episodio que reabre el debate
El hecho vuelve a encender la discusión sobre la seguridad en el centro de Medellín, la atención social a la población en condición de calle y los desafíos de convivencia en el espacio público, un tema que combina aristas judiciales y sociales en una ciudad donde convergen miles de personas cada día.
La muerte de Zabala Galeano no solo deja un expediente abierto: deja también una alerta sobre la escalada de agresiones asociadas a la intolerancia y la violencia urbana, un fenómeno que las autoridades y expertos insisten en abordar con estrategias integrales, más allá del componente policial.




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