Presentamos La Chiva Política, una nueva columna de opinión que se publicará cada quince días, los domingos, con un enfoque directo y sin filtros sobre la coyuntura política local, regional y nacional. Esta columna es escrita por un colaborador externo, un analista independiente que no hace parte de la planta del medio, pero a quien se le ha otorgado un espacio editorial por la solidez de sus argumentos y su conocimiento del panorama político. La Chiva Política es una invitación a leer entre líneas, a cuestionar lo evidente y a entender las dinámicas del poder desde una óptica aguda y crítica.

Las opiniones aquí expresadas son de exclusiva responsabilidad del autor y no reflejan, necesariamente, la postura editorial de este medio. Nuestra labor como canal informativo es garantizar la pluralidad de voces y promover el libre debate de ideas, sin que ello implique adhesión alguna a las posiciones individuales de quienes colaboran en esta columna.

De la Espriella vs. Quintero: populismo y vulgaridad como estrategia política
Fecha publicación 03/08/2025

Por estos días, informarse sobre campañas electorales es como abrir la ventana hacia un lodazal y no a un espacio sano de discusión democrática en el albor de cambio de Gobierno. Nada más dar un vistazo al reciente enfrentamiento entre Abelardo de la Espriella y Daniel Quintero; es suficiente para darse cuenta que hace rato se tocó fondo en el respeto hacia la política sería, propositiva y decente. Los improperios de grueso calibre que se cruzan los dos –loquitos engreídos y faltos de atención-, son las mismas piedras e insultos de cualquier riña de barrio popular. Palabras soeces cargan el cañón con el que se atacan visceralmente cual borrachos empoderados de valentía en una cantina. Ese es el escenario “político” que muestran y quieren vender como opción para el 2026.

De la Espriella, se pavonea arrogante y bravucón por micrófonos, como si fuese el nuevo mesías de la derecha o el justiciero de la política colombiana, prometiendo acabar con la corrupción, con Petro…con todo. ¿por qué hasta ahora? ¿Dónde ha estado la valentía del “tigre” todo este tiempo de desmadre del Gobierno actual? ¿Apenas hoy ve la imperiosa necesidad de revisar “hasta el último contrato robado”, cuando todo ha sido a plena luz del día y de conocimiento público?, ¿Es un súbito despertar moral justo cuando decidió lanzarse a la presidencia? ¡Claro que sí!, es conveniencia y populismo puro y duro, como el de izquierda.

Un acomodo triste y de alguna manera repugnante, porque ahora necesita acudir a los ciudadanos desesperanzados. Esos hastiados que se dejan impresionar fácilmente por el primer culebrero que se les aparezca en el camino cuando están perdidos y que creen que quien más habla está ungido de conocimiento, verdad y carácter.

En política, Abelardo es un inexperto, más conocido por lamer a algunos líderes a los que ha servido como jurista. Su arenga, sin recorrido ni carisma, pero con corbata, Rolex y vino tinto, es tan solo una copia “fina” de “balín” (Santiago Botero) tratando de llegar –con pésima imitación- a los discursos disruptivos que les dieron el triunfo a los presidentes boom del momento, Bukele y Melei.

En el otro lado del chiquero, se encuentra Daniel Quintero, oprobioso y vulgar en política, que avanza en el pantano contestatario con lenguaje arrabalero, propio de un gamín con micrófono, que ataca -en cuerpo ajeno- a sus amigos copartidarios para ver quién obtiene el insulto más bajo y viral, quién logra el retuit del jefe Petro o del bodeguero más inculto. Su tabla de valores es encabezada por manipulaciones, mentiras y expresiones soeces; porque su meta el destruir, denigrar y acabar con el oponente al precio que sea. Su obsesión es ganarse la aprobación del petrismo y la presidencia para terminar de prostituir la política, la manera de gobernar y aplastar la moral, la decencia y el respeto.

Los más aterrador es que estos dos personajes hoy representan opciones de gobierno en un país decadente en decencia y cordura. Una oda al ego, los ataques y a la extravagante vulgarización y populismo barato de una campaña electoral. Dos extremos que, aunque parezcan diferentes, se juntan en el fondo bajo de sus estrategias politiqueras carentes de debate democrático y trato civilizado.

Qué tenebroso sería tener qué escoger entre estos dos señores. Ambos representan un riesgo para la serenidad y dignidad política que el país necesita recobrar después del 7 de agosto de 2026. No es tanto el aturdimiento que causan sus fuertes disparos de insultos; es el deterioro al valor institucional y hacia el otro en la nobleza del ejercicio político.

Colombia merece un(a) presidente(a) mucho mejor que un estridente de caviar o un tuitero de chiquero. El país merece respeto y seriedad sin espectáculo ni odio.

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