En un giro inesperado y con tono autocrítico, la canciller de Colombia, Laura Sarabia, reconoció públicamente que tanto ella como el Gobierno han fallado en su principal responsabilidad: garantizar la seguridad y la paz para todos los colombianos.
“Como líder y representante internacional de este país he fallado. Muchos hemos fallado”, expresó Sarabia, en un mensaje que ha generado tanto reflexión como controversia en la esfera política.
Sus declaraciones llegan tras el atentado del Senador Miguel Uribe Turbay que sacudió la opinión pública y luego de una preocupante escalada de violencia, marcada por el asesinato constante de líderes sociales en distintas regiones del país. Sarabia calificó los recientes hechos como “un llamado a nuestras responsabilidades” e instó a corregir el rumbo: “Nos compromete a trabajar incansablemente por corregir nuestros errores”.
La canciller también hizo un llamado urgente a desescalar los discursos de odio, tanto en lo público como en lo privado, al reconocer que esta retórica ha fomentado “comportamientos irracionales”, que hoy se traducen en muertes y amenazas a la estabilidad nacional.
Con un tono más personal, propuso erradicar el odio desde el lenguaje y apostarle a una cultura del respeto: “Debemos iniciar ahora mismo y buscar un punto de confluencia… La autoridad desde el ejercicio de gobierno es también reconocer el valor del otro”.
Un Gobierno que se contradice en su bandera de ‘Paz Total’
Las palabras de Sarabia, aunque loables desde una perspectiva ética, confirman lo que muchos sectores han venido advirtiendo: el proyecto de paz del Gobierno tambalea. La promesa de una “Paz Total” se enfrenta a una realidad cruda en las regiones, donde el control territorial de grupos armados ilegales y la ausencia del Estado sigue costando vidas.
Si bien el mea culpa es un primer paso, la ciudadanía exige más que palabras. Las críticas arrecian no solo por la falta de resultados, sino por la aparente improvisación en la estrategia de seguridad, la descoordinación entre entidades y la débil respuesta frente a las amenazas que enfrentan líderes sociales, comunidades indígenas y campesinas.
La gestión de Sarabia y del Gobierno enfrenta así un reto monumental: recuperar la confianza de los colombianos en un momento en que la paz parece más distante que nunca.




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