Como cada año, el Valle de Aburrá vivió una noche de estruendos y detonaciones como consecuencia de la mal llamada alborada, que ni siquiera la lluvia pudo opacar.
Pese a las campañas antipólvora de las autoridades, muchas personas siguieron con esta tradición que afecta, en su mayoría, a los animales que deben soportar el estalllido de infinidad de artefactos.




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