Juan José Quiceno, estudiante de grado once, se salvó de manera fortuita. Aunque estaba invitado al viaje, decidió no ir. “Gracias a Dios no fui. No sé por qué, simplemente no me nació”, relata con la voz entrecortada.
Hoy, Juan José recuerda a varios de los compañeros que perdieron la vida, jóvenes con quienes compartió momentos y sueños. “A muchos los conocía, vivimos cosas muy lindas juntos. Que Dios los tenga en su santa gloria”, expresa.
Las preguntas, dice, son muchas. Quiere saber qué ocurrió, cómo pasó todo. La incertidumbre y el dolor marcan sus palabras, especialmente porque hace apenas 15 días se habían graduado y hablaban con ilusión de su futuro.
“Miguel Máfe soñaba con estudiar fisioterapia, quería ayudar a muchas personas. Laura, mi compañera, quería ser odontóloga, ese era su gran anhelo”, cuenta.
Historias como las de Miguel y Laura hoy representan los sueños truncados de una generación que apenas comenzaba a escribir su camino, y el duelo profundo que deja esta tragedia entre quienes sobrevivieron para recordarlos.










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